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jueves, 21 de octubre de 2010

MODA SIN GENERO

¿Un invento de la moda y el marketing o la realidad del nuevo siglo? Mujeres que se visten como hombres y hombres tan bellos como la más linda de las mujeres. Cuando las fronteras entre los géneros se esfuman, se rompe la convención masculino-femenino deviene la ambigüedad, la androginia... Palabras clave de una tendencia que irrumpe y genera polémicas.


Rosas, encajes, zapatos de taco con pulsera, pantalones marcando la cintura, suéteres que insinúan torsos, pieles, cigarrillos humeantes colgando al descuido, botas que trepan hasta la entrepierna. Las imágenes forman parte de Rive gauche et libre, una secuencia de 16 tomas que podrán verse en la edición de septiembre de Vogue Paris, pero que ya están dando que hablar en los sitios de Internet. Las imágenes son altamente sensuales y provocativas: no por las prendas fetiche que muestran –un rescate de la estética de los ‘50–, sino por los modelos elegidos.
La holandesa Daphne Groeneveld es la única mujer entre Andrej Pejic y Lea T, dos modelos sobre los que hoy el mundo fashion no para de hablar. El primero, el australiano y rubio Pejic, es el andrógino más buscado del momento: dueño de una sensualidad que recuerda a las de Briggitte Bardot, Cindy Crawford y Esther Cañadas, todas juntas. Causó sensación en París, donde se mostró la colección primavera verano 2011 de Jean Paul Gaultier y, horas más tarde, estuvo en la pasarela de John Galliano.
Lea T, por su parte, es el gran protagonista de la nueva campaña de Givenchy. De pelo largo, piel tostada y labios sugerentes, es el primer transexual devenido en supermodelo. La dupla de Pejic y Lea T, sugerida por la francesa Carine Roitfeld, reconocida por su olfato, es explosiva por donde se la mire. No hay revista o blog especializado en moda que, antes de que la revista salga a la calle, no esté hablando del ‘blender gender’ que ha provocado Roitfeld. Esto es: la mezcla de género que la moda está mostrando cada vez más.

No es la primera vez que los grandes diseñadores utilizan como recurso estético modelos poco convencionales, pero la vuelta de tuerca que estarían planteando estos primeros años del siglo XXI tienen que ver con la recuperación exacerbada del estilo Ziggy Stardust del primer David Bowie, o un retorno aggiornado al estilo Boy George, con una mezcla de la androginia que hizo famosa a la actriz Tilda Swinton y a la modelo Stella Tennant y que hoy reflotan algunas tribus urbanas. También hay un revival furioso de las prendas unisex, intercambiables para ambos sexos, un concepto ya usado por Cocó Chanel, Pierre Cardin, Yves Saint Laurent, Ted Lapidus, Giorgio Armani o Calvin Klein, entre otros.
Para muchos, esta nueva tendencia del mundo de la moda es otra estrategia de marketing. “El travestismo es atractivo porque juega con el equívoco: soy ‘esto’ pero también ‘esto otro’. Si bien es un modo de provocación, que una marca lo use como recurso supone un juego: se diferencia de las demás, se suma al equívoco, pero, además, sigue seduciendo. Hoy las agencias de modelos buscan los cuerpos rectos y longilíneos de los andróginos. Para las pasarelas, el cuerpo de estos modelos es ideal: les ponés cualquier cosa y les queda bien”, explica la socióloga especializada en moda y docente de la UADE, Vanesa Corvaro. “Aquel que crea que se trata sólo de recursos publicitarios y no de contenido está equivocado –advierte Marcelo Sorzana, director de Surreal Marketing & Publicity, empresa dedicada a imagen, comunicación y prensa de marcas del mundo de la moda–. Vender ropa es vender sociología, y el mundo que viene es andrógino”.
Sorzana, que también dicta clases en la Universidad de Palermo y es un estudioso de la astrología, se suma a los analistas que consideran que el advenimiento de la androginia tiene mucho que ver con “una cuestión energética” y con la llegada de la era de acuario, un signo andrógino. “La moda está fotografiando al mundo. Está mostrando que, a 20 años de la globalización, hay un movimiento en el cual todos se expresan emocionalmente, como sucedió en los ‘70. Esta es la psicodelia del siglo XXI e instaura un nuevo paradigma de convivencia de muchos mundos”, pronostica. Patricia Doria, diseñadora de indumentaria de la UBA y docente de la UP, coincide: “Considerada como comunicador social, lo que está haciendo la vestimenta hoy es reflejar los cambios que están sucediendo en la sociedad”.
La lista de ejemplos de los cambios sociales es amplia y puede suponer hechos tan disímiles como la apertura hacia el matrimonio igualitario, como la tematización de la bisexualidad, impulsada por la declaración de la actriz norteamericana Megan Fox, el cambio de sexo de la hija de Cher (hoy un hombre llamado Chastity Bono), hasta el asombro que genera ver a Shiloh Jolie-Pitt, la hija de 3 años de Angelina Jolie y Brad Pitt loqueada como un niñito. “Como los límites entre lo que hasta hace un tiempo se consideró lo femenino o lo masculino aún no están definidos en la sociedad, la pasarela se apropia de esta indefinición y juega con eso”, retoma Doria. Para Corvaro: “Hoy, al explotar la idea del simulacro, la confusión y el equívoco, la moda no hace más que exhibir una tendencia más clara hacia la libre opción, algo que tibiamente empezó en los ‘90 y que ahora se está democratizando”.

LA ERA DE LA AMBIGÜEDAD. “La primera vez que vi una foto suya, pensé: ¡qué belleza más exquisita tiene esta chica!”, posteó recientemente una fanática de la moda en su blog. El comentario iba para Andrej Pejic, el australiano de 18 años que, con su confuso, ha generado polémica en el mundo de la moda. “El tiene algo que atrapa. Es tan elegante, tan… lindo. Tal vez me guste tanto porque me recuerda la belleza femenina. Desde su pelo hasta su delicadeza. Creo que la moda, que aprecia lo que es poco convencional, nos está haciendo pensar sobre los desafíos a los tipos de normalidad”, apuntaba esta blogger.
Hay en este comentario algunos puntos interesantes a tener en cuenta y que tienen a la estética como reflexión inicial. La búsqueda estética es algo universal y ancestral y es el resultado hegemónico de los valores de un grupo humano. “Culturalmente, la decoración del cuerpo, la ornamentación, los accesorios y la vestimenta han estado determinados por el sexo; esto es, de acuerdo al género y a la apariencia esperada por cada individuo, dependiendo del sexo al que pertenecieran”, apunta Françoise Héritier, una reconocida antropóloga francesa en un texto publicado en 100.000 años de belleza (Ed. Gallimard), un megaproyecto que lanzó L’Oréal para celebrar su aniversario y que se cristalizó en cinco libros. “En el sistema de la indumentaria, el sexo se instala en el Medioevo, tras abandonar el vestido-túnica egipcio o romano, que unificaba los sexos. Mientras los hombres usaban el jubón y prendas ceñidas que marcaban las zonas erógenas simbolizando el poder masculino, las mujeres tenían ropajes que marcaban la cintura, pollerones y enagua. El cuerpo era algo fijo: el varón era varón; la mujer, mujer. Y el vestido acompañó marcando claramente la diferencia”, explica Corvaro.
Salvo en la época del hippismo, la moda femenina siempre se apropió de las tipologías masculinas, y no al revés. “En el siglo XIX se da lo que Gilles Lipovetsky llama la gran renuncia masculina: el hombre cede todas sus tipologías recargadas y bellas a las mujeres, para volverse austero. Recién en los ‘60, con Pierre Cardin, el hombre recupera la fantasía en el vestir, aunque limitada: no puede invadir esa zona creativa de la alta costura”, dice Doria. Y continúa: “En los ‘60, a pesar de que se mezclaban las características tipológicas de las prendas, todavía se podían ver las características de género. A fines de los ‘80 y los ‘90 en la pasarela se fusionan las tipologías y los géneros. Se conoció esa época como la de la ambigüedad sexual”. Y eso que empezó tibiamente décadas atrás, se visibiliza hoy. “Casi de forma natural, se ha abierto el pasaje del hombre a la fantasía: desde hace un tiempo ‘ellos’ se apropian de tipologías que venían siendo femeninas”, aporta Doria.
Así como en un momento las mujeres nos apropiamos de las corbatas, de los smokings, de los pantalones sastre, de los jeans de los varones (hábito al que se lo bautizó “boyfriend jeans”), borrando nuestras curvas; hoy sucede el movimiento inverso: los varones usan chupines, camisas entalladas, make-up, accesorios como bolsos, que antes eran ítems femeninos.

El último Fashion Week de Milán dio un paso más: en los desfiles de la primavera-verano que viene, Armani sorprendió con meggings (leggings para hombres) y monokinis (bikinis para hombres); Dolce & Gabbana mostró prendas con estampados florales; Vivienne Westwood, una línea de collares para ellos; y Calvin Klein, tops cortos que dejan el ombligo masculino al aire.
Si queremos buscar explicaciones, hay que decir que estos cambios han sido posibles debido a varios factores. Desde lo social, Mariela Mociulsky, directora de Trendsity, lo atribuye a la indefinición que trajo consigo la postmodernidad. “La aparición de signos más ambiguos definen nuestro tiempo de fronteras porosas. La indefinición y la falta de certezas se reflejan en los estilos de vida, de trabajo, de familias, y en muchos productos y servicios, pero también en el mundo de la moda, cuya oferta se va desarrollando al compás de esta tendencia”. Y en este marco donde los estereotipos se cuestionan, las identidades se redefinen. “Quedan atrás los ordenamientos sociales basados en las diferencias culturales de sexo. Hoy hay ruptura de los estereotipos y los roles de género son cada vez más ambiguos”, analiza Mociulsky.

Además de las transformaciones sociales, está el cambio que los cuerpos –dietas, cirugías y gimnasios mediante– han tenido en estas últimas décadas. “El ideal del cuerpo femenino actual es atlético, muy alejado de las caderas anchas y pechos de amamantar como lo muestran las Venus del paleolítico. Mientras tanto, emerge un cuerpo masculino andrógino cuya belleza está en las antípodas de la virilidad”, apunta Anne Hollander, historiadora de la moda, en Sensualidad Generalizada, un texto publicado en 100.000 años de Belleza. Según sugiere Hollander, mientras más elementos femeninos se le agreguen a la prenda masculina, más efectos andróginos producirá. Hay informes que indican que las publicidades de productos de moda femeninos, también comunican al público homosexual, metrosexual, übersexual (un metrosexual más viril), gay, transexual.
Pero atención que todo esto no supone que toda la moda actual sea andrógina, unisex o travestida. Hoy, lo totalmente opuesto también se impone. “Mientras en los hombres se verifica esta ironía lúdica de apropiarse de otros cuerpos, las mujeres estamos tratando de recuperar nuestro ideal de género, un nuevo lugar para redefinirnos”, reflexiona Doria. Tal vez como necesidad de remarcar límites o por exaltar ‘lo propio femenino’ tradicional es que se entiende la vuelta de las curvas, como se ve en las publicidades de Louis Vuitton, y el furor de las cinturas marcadas, las flores, los volados, los encajes y las puntillas de Chanel y Alberta Ferretti, entre otros. ¿Una contradicción? No, asegura Corvaro: “La pasarela está diciendo que al igual que en la sociedad ya no hay directrices ni dictámenes. Hoy, dentro del marco regulatorio que supone la moda, hay estilos, hay looks, multiplicidad de alternativas... Y vos optás”.

EL REINO DE LA PLURALIDAD. En las obras de Valérie Belin o en las de Michael Najjar dicen que es posible entrever lo que vendrá. En ellas sobrevuela toda la imaginería tantas veces escrita sobre “el tercer sexo” o los hermafroditas deseados por los griegos. Ellos navegan en un mundo donde las fronteras de género, tal como las hemos conocido, se borran por completo. “Los híbridos liberados de su género biológico podrán intentar su propia definición de belleza”, apuntan la etnóloga Elisabeth Azoulay y la filósofa Françoise Gaillard en Mona Lisa y yo, otro de los textos de 100.000 años de Belleza.
Varios son los actores que tanto a investigadores como artistas los han llevado a pensar cómo será el futuro de los seres humanos. La primera tiene que ver con lo demográfico: para el año 2050, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades. Esto implicará –apuntan Azoulay y Gaillard– la visibilización de las minorías y sus estilos de vida diferentes: aparecerán nuevos cánones de belleza y vestimentas de forma impredecible, incontrolable y convivirán como resultado de su pluralidad.
La otra tiene que ver con la tecnociencia: en un mundo donde se promueva la libertad individual, los seres humanos podrán –gracias a la tecnología (clonación, reproducción asistida, implantes, cirugías)– no sólo superar las barreras de la edad. El reino de la hiperhibridación y de la híperindividualidad, será también el reino de lo que el sociólogo francés Philippe Liotard llama el do-it-yourselfaesthetics. Esto es: cada uno podrá armar la apariencia que desee a la carta, redefiniendo el concepto de lo que es estético o no, de lo que es bello o no. En este escenario la vestimenta no sólo será un envoltorio altamente tecnológico de lo que tal vez seamos; será, tal vez, reflejo de la pluralidad y la flexibilidad que estamos comenzando a transitar.

FUENTE: Para Ti Colecciones.

Vi esta nota en la revista y la verdad que me pareció muy interesante y dije lo tengo que poner en el blog, porque seguramente todos los que estamos interesados en el mundo de la moda podemos ver con toda razón que eso sucede y seguirá siendo así, la moda sin genero. Que para mi tiene cosas buenas y cosas malas..

1 comentario:

  1. La Roux! las fotos están increíbles
    tengo que decirte que tu cabecera esta genial!!
    un besooo guapa!

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